Decía el Libertador Simón Bolivar (tras la disolución de la Gran Colombia (1830, Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá) que acabó con el primer sueño bolivariano) que las oligarquías nativas «habían declarado la guerra a muerte contra la idea de la integridad, porque era contraria a los privilegios locales de las grandes familias… Y lo más triste es que se creen cambiando el mundo cuando lo que están es perpetuando el pensamiento más atrasado de España»

Gabriel García Márquez, «El general en su laberinto», Ed. Oveja Negra, Bogotá, 1989, p. 204